jueves, julio 07, 2011

Bonifacio insomne

Ya lo sabe el monigote y no le importa: las tres de la mañana se acercan con la inexorabilidad de llantas sobre asfalto mojado.
"Esto lo he visto muchas veces en mis viajes", me dice. Y yo le creo. Después de todo, quien ha visto el otro lado del Vórtex, lo ha visto todo. Incluso, quizás, el ruido del tocino al freír.
El caso es que su ojo (¿dos ojos en uno o un ojo en dos? Nunca lo sabré a ciencia cierta) permanece abierto. De par en par, como portón de catedral. Invitando a los feligreses a depositar ofrendas de cera.
¿O de tocino?
Crujientes ofrendas de cera que chisporrotean y no hacen más que quitar al sueño de enmedio.
El monigote lo sabe. Y no le importa.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal