lunes, julio 25, 2011

Bonifacio y las Muertes a Destiempo

No, el monigote no le teme a la muerte. Sólo le teme al momento de morir. Conceptos fácilmente confundibles para el mortal promedio, son claramente distintos para quien ha viajado y ha visto lo que Bonifacio ha visto y ha viajado.

Por eso, los acontecimientos de la semana pasada en Londres y Oslo le llamaron la atención de forma particular. El monigote explica:

Amy Winehouse cerró definitivamente uno de los capítulos más interesantes de la música. Pero contrario a lo que muchos dicen en todas partes, lamentando su "muerte a destiempo", su "truncada juventud", sus "logros que ya nunca alcanzará" y un largo etcétera, el monigote sabe perfectamente que la atormentada cantante llevaba al menos nueve años buscando lo que finalmente encontró. No fue una muerte a destiempo (a menos que se tome como "destiempo" la extraña sensación de que por fin ocurrió lo que todos sabíamos que iba a ocurrir). No fue una truncada juventud: la Winehouse tenía, en apariencia y carácter, todos los signos de ser un alma vieja. Y en cuanto a los logros que ya nunca alcanzará... ya los había alcanzado todos.
El monigote es tajante en este aspecto: en circunstancias normales, uno se va cuando ha hecho todo lo que vino a hacer. No hay por qué llorar a Amy Winehouse. Al contrario: hay que celebrar que haya compartido con nosotros todo lo que compartió, antes de irse.

Muy distinta la situación noruega. Ésas son las cosas que llenan de miedo al monigote. Los muertos de Oslo y Utøya no tuvieron circunstancias normales. Los arrancaron de sus vidas antes de que cumplieran sus respectivas misiones. Como cuando uno corta flores en el campo y luego deja que se marchiten en un manojo recluído en un sombrío pasillo.

Ése destino es el que asusta al monigote. Porque ni aquí ni más allá del Vórtex de la Pelusa, se vale que uno ande por ahí arrancando flores...

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