viernes, julio 29, 2011

Бонифачо и мнимой языках

Es decir, "Bonifacio y los idiomas imaginarios".
Cuando Bonifacio inició su carrera como explorador transvortecino (es en serio, así se llama su especialidad), tuvo --obviamente-- que aprender idiomas.
Lo que no tendría nada de extraordinario, si no fuera porque los idiomas que Bonifacio tuvo que aprender eran idiomas que nadie podía enseñar. Aunque se suponía que existía la vida más allá del Vórtex, nadie tenía pruebas de que así fuera. Y sin saber que la hay, es imposible comunicarse con ella.
¿Cómo resolver semejante dilema?
Meses de desasosiego inundaron el centro de exploraciones transvortecinas. Hasta que Bonifacio (¿quién más?) tuvo una idea que, por sencilla, es simplemente genial:
Para aprender un idioma de cuya existencia se duda, tan sólo hay que inventarlo.
Los científicos del centro de exploraciones transvortecinas (me gusta escribir "transvortecino" casi tanto como me disgusta escribir "desasosiego") buscaron entonces la ayuda de los mejores gramáticos, grafólogos, lingüistas, semiólogos, etnógrafos, semánticos, sintaxistas, ortógrafos, vocalistas, consonantistas, tipógrafos, pronunciólogos, puntillistas, jeroglifómanos, comólogos, antropólogos, punticomólogos, dospuntógrafos, parrafólogos, músicos, mayusculógrafos, minusculógrafos, criptólogos, cursivómanos, negritólogos, guionistas, entrecomillógrafos, transcriptólogos, interroga-exclamacionistas, impresores, dramaturgos, entonólogos y otros especialistas del ramo. La misión, si decidían aceptarla, era crear un idioma a partir del cero absoluto: su única (y por lo tanto principal e inamovible) restricción era que nada, NADA, del nuevo idioma podía tener parecido --ni remotamente-- con cualquier idioma conocido.
Bonifacio esperó --con la paciencia que desde siempre ha caracterizado al monigote-- a que el equipo de especialistas anunciaran la culminación de sus trabajos. Cuando lo hicieron y presentaron el resultado de sus cavilaciones, exploraciones, dudas, discusiones, experimentos, muestreos, comparaciones, etcéteras, el monigote quedó más que satisfecho: el idioma, que por falta de creatividad llamaron simplemente "vortecino", era perfecto: nadie entendía ni jota (letra que, por supuesto, no existía en el vortecino).
Armado con esta invaluable herramienta, Bonifacio se dispuso a viajar, por primera y memorable vez, más allá del Vórtex de la Pelusa.
Los científicos del centro, junto con el equipo de expertos arriba enumerado (y no me pidan que repita la lista, por favor), esperaron con ansias las dos semanas que el monigote permaneció incomunicado. Cuando regresó, con un calcetín incrustado en la nariz (que se le tuvo que remover quirúrgicamente, pero ésa es otra historia), su reporte llenó a todos con el regocijo más absoluto: habían dado en el clavo.
Porque no sólo existía la vida más allá del Vórtex, sino que era vida inteligente. Y no sólo era inteligente, sino que hablaba un perfecto vortecino. Con un ligero acento chambón, según el reporte de Bonifacio, pero perfectamente entendible.
Desde ese momento, las relaciones entre nosotros y los transvortecinos han sido excelentes.

lunes, julio 25, 2011

Bonifacio y las Muertes a Destiempo

No, el monigote no le teme a la muerte. Sólo le teme al momento de morir. Conceptos fácilmente confundibles para el mortal promedio, son claramente distintos para quien ha viajado y ha visto lo que Bonifacio ha visto y ha viajado.

Por eso, los acontecimientos de la semana pasada en Londres y Oslo le llamaron la atención de forma particular. El monigote explica:

Amy Winehouse cerró definitivamente uno de los capítulos más interesantes de la música. Pero contrario a lo que muchos dicen en todas partes, lamentando su "muerte a destiempo", su "truncada juventud", sus "logros que ya nunca alcanzará" y un largo etcétera, el monigote sabe perfectamente que la atormentada cantante llevaba al menos nueve años buscando lo que finalmente encontró. No fue una muerte a destiempo (a menos que se tome como "destiempo" la extraña sensación de que por fin ocurrió lo que todos sabíamos que iba a ocurrir). No fue una truncada juventud: la Winehouse tenía, en apariencia y carácter, todos los signos de ser un alma vieja. Y en cuanto a los logros que ya nunca alcanzará... ya los había alcanzado todos.
El monigote es tajante en este aspecto: en circunstancias normales, uno se va cuando ha hecho todo lo que vino a hacer. No hay por qué llorar a Amy Winehouse. Al contrario: hay que celebrar que haya compartido con nosotros todo lo que compartió, antes de irse.

Muy distinta la situación noruega. Ésas son las cosas que llenan de miedo al monigote. Los muertos de Oslo y Utøya no tuvieron circunstancias normales. Los arrancaron de sus vidas antes de que cumplieran sus respectivas misiones. Como cuando uno corta flores en el campo y luego deja que se marchiten en un manojo recluído en un sombrío pasillo.

Ése destino es el que asusta al monigote. Porque ni aquí ni más allá del Vórtex de la Pelusa, se vale que uno ande por ahí arrancando flores...

miércoles, julio 20, 2011

Bonifacio y mi Paciencia

No. Mi paciencia es deplorable. Aunque no sea culpa del monigote, que acostumbra ponerla a prueba.
Me senté con él a platicar largo y tendido (bueno, corto y extendido) sobre las expectativas que ambos tenemos sobre este espacio. Y el espacio más allá del Vórtex de la Pelusa.

Bonifacio: Quiero que mi vida sea extraordinaria todos los días.
Yo: Quiero que todos los días de mi vida sean extraordinarios.
Bonifacio: ¿Cuál es la diferencia?
Yo: Yo cuento los días de la vida, tú la vida de los días.

breve pausa.

Bonifacio: Entonces, ¿no vas a escribir aquí todos los días?
Yo: No. Sólo los días que valgan la pena.
Bonifacio: Detrás del Vórtex, todos los días valen la pena.
Yo: Entonces, los transvortexianos deben ser personas muy aburridas.

breve pausa.

Bonifacio: De acuerdo. Escribe cuando sientas que sea necesario. Pero eso sí: si vuelven a pasar cuatro años de silencio, me voy a poner muy triste.
Yo: Yo también.

Con eso, dejamos la discusión por la paz. Y la paz, por sí misma, siguió su camino.

viernes, julio 08, 2011

Bonifacio y el Sushi

Al monigote le gusta el cine. Y el sushi. Por eso, aunque es terriblemente ochentera, le encanta "The Breakfast Club". ¿Y por qué no, si los ochentas están esperando turno para regresar como el nuevo retro?
En esta cinta, Molly Ringwald saca una charola de sushi y empieza a comer, con toda la mollyringwaldez del mundo. Y Judd Nelson la ve, le pregunta qué es eso. Cuando le explican que es pescado crudo con arroz y algas, le dice "No aceptarías la lengua de un chico en tu boca, ¿y vas a comerte eso?"
Para el monigote, ésta es, sin duda, la mejor parte de la película.

jueves, julio 07, 2011

Bonifacio y las Notas al Margen

Por cierto, a partir de hoy, el monigote me obliga a hacer dos cosas:
1. escribir "vórtex" con acento en la o
2. escribir algo todos los días (con o sin acentos, según sea necesario)
A ver si mi paciencia da para tanto...

Bonifacio insomne

Ya lo sabe el monigote y no le importa: las tres de la mañana se acercan con la inexorabilidad de llantas sobre asfalto mojado.
"Esto lo he visto muchas veces en mis viajes", me dice. Y yo le creo. Después de todo, quien ha visto el otro lado del Vórtex, lo ha visto todo. Incluso, quizás, el ruido del tocino al freír.
El caso es que su ojo (¿dos ojos en uno o un ojo en dos? Nunca lo sabré a ciencia cierta) permanece abierto. De par en par, como portón de catedral. Invitando a los feligreses a depositar ofrendas de cera.
¿O de tocino?
Crujientes ofrendas de cera que chisporrotean y no hacen más que quitar al sueño de enmedio.
El monigote lo sabe. Y no le importa.